CERÁMICA DECORADA Y DE CREACIÓN
Exposición permanente
La cerámica decorada es, en cierto modo, la heredera directa de la alfarería o cerámica tradicional, pues constituye la única alternativa que ha dado buenos resultados ante la crisis que el sector sufrirá a lo largo de todo el siglo XX. No obstante, y a pesar de su deuda con la alfarería o artesanía del barro, utiliza sus mismas técnicas y procesos pero con fines y objetivos muy diferentes. La coherencia y la sobriedad que caracterizaban los objetos preindustriales es sustituida por el efectismo y, a veces, la desproporción de las formas de la cerámica decorada.
La cerámica de creación nace a finales del siglo XIX al amparo del modernismo y se desarrolla plenamente en las primeras décadas del siglo XX; Joan Bagué, Emili Casas, Manel Ferran, Marià Brugués, Sala i Deulofeu y Sebastià Padrós, con sus figuras, tiestos, jarras, etc., se dedicaron – algunos plenamente- a proveer este mercado floreciente de piezas hasta el momento desconocidas. También cabe destacar la figura de Joan Coromina, quien, ya dentro de las modas del Novecentismo, se dedicó a reproducir las cerámicas de época romana de Ampurias.
Esta inquietud y la intensa actividad que se producen alrededor de la cerámica se romperán a partir de la guerra civil. No fue hasta finales de los años cuarenta cuando el pintor Eusebi Díaz-Costa dio un nuevo impulso a la cerámica de decoración. Sus platos adornados con el pez enroscado y el gallo con las plumas ahuecadas consiguieron un gran éxito tanto entre las gentes de la localidad como entre los forasteros. También Josep Pla i Capell se dedicaba, de forma intermitente, a la realización de esculturas de cerámica, algunas de ellas – especialmente las que reproducían las figuras de los antiguos pastores y pescadores de la comarca- muy logradas.
Más adelante cabe mencionar, dentro del mundo de la cerámica decorativa, a Josep Vilà-Clara, en cierto modo y en diversos aspectos continuador de la línea estilística del Novecentismo.


