LA TIERRA Y SU PREPARACIÓN
Exposición permanente
La tierra, junto con el agua, el aire y el fuego, es la materia básica que los ceramistas utilizan para la fabricación de los objetos. En este caso, las tierras empleadas se localizan en las laderas de las montañas del macizo de Gavarres en forma de depósitos arcillosos llamados “terreres”. De estos depósitos se extraen dos tipos de tierras: la roja y la blanca. La tierra roja se caracteriza por su plasticidad y por la facilidad de modelado que presenta cuando es mezclada con agua; la blanca, en cambio, es de textura más áspera y dura, y resulta muy adecuada para la realización de objetos resistentes.
Hace años, la tierra llegaba a la alfarería con toda una serie de impurezas que era necesario eliminar. El filtrado se efectuaba a través de un ingenio mecánico denominado “coladora”. Esta máquina mezclaba la tierra con agua y, al mismo tiempo, la liberaba de las impurezas a través de un cedazo. A continuación, la mezcla se vertía en los depósitos o balsas, donde se dejaba reposar para que el sol evaporase el agua. Con el objetivo de acelerar este proceso, el alfarero “rayaba” la balsa con una caña o un palo hasta convertirla en una cuadrícula; entonces, cada una de las unidades resultantes –panes de barro- se iban girando y después se sacaban, de forma que se pudieran exponer al sol las partes inferiores. Cuando el alfarero consideraba que los panes de barro tenían el punto de humedad adecuado, los transportaba hasta un lugar preparado al efecto que reunía las condiciones necesarias para mantener la tierra en las mejores condiciones para ser trabajada.
En la actualidad existen industrias especializadas que suministran la tierra a las fábricas y a los talleres de la ciudad. Estas industrias también se han especializado en la elaboración de arcillas coladas, por lo que han contribuido a eliminar uno de los procesos más complejos y duros de la industria de la cerámica.


