Cerámica de la Bisbal

Actualmente la Bisbal es uno de los centros cerámicos líderes de Cataluña, digno heredero de una tradición centenaria. Y la importancia de esta actividad se refleja claramente en el paisaje urbano de la ciudad, caracterizado por las esbeltas siluetas de antiguas chimeneas industriales y por un área comercial fuertemente dirigida hacia la comercialización de los diferentes productos cerámicos.

La cerámica fue y sigue siendo una de las principales actividades económicas de la población, al menos desde el siglo XVIII (la primera noticia documental que da razón del oficio de alfarero en la Bisbal fecha de 1511). Artesano, creador, artista, casi un alquimista, el ceramista bisbalense es muchas veces el último escalón de una familia con generaciones dedicadas al viejo trabajo de dar forma a la arcilla. Formas utilitarias, artísticas, experimentales, artesanales o industriales..., se puede encontrar de todo en la larga historia cerámica de la Bisbal.

A partir del siglo XIX, y sobre todo durante la segunda mitad de siglo, la alfarería bisbalense vive su edad de oro. Sus productos no sólo se comercializan en Cataluña sino que también llegan a las colonias españolas de ultramar. En el transcurso de este siglo asistimos a un gradual proceso de especialización que busca mejorar la rapidez y la celeridad del trabajo. El siglo XIX es el siglo de la técnica decorativa de la trepa.

A principios del siglo XX la producción cerámica predominante es la alfarería: ante dos fábricas de baldosas finas para pavimento, la manufactura de l’alfareria era absolutamente mayoritaria, con una veintena de talleres de reducidas dimensiones. En los años veinte se contempla una importante modernización tecnológica a remolque de los avances introducidos en la industria europea, facilitados por la generalización de la corriente eléctrica. A partir de este momento es cuando en la Bisbal se evidencia de manera clara la nueva orientación industrial que irá arrinconando el espíritu artesano. Con la consolidación industrial empiezan a aparecer los primeros conflictos sociales entre patrones y obreros.

La Guerra Civil española impone un paréntesis, desgraciadamente dilatado, en la evolución del sector industrial de los revestimientos y pavimentos cerámicos. Durante los años del conflicto, se colectivizan las fábricas, una colectivización en cierto modo ejemplar, ya que la producción se mantuvo a pesar de la situación poco favorable del momento.

A mediados del siglo XX la demanda se encontrará en su momento más bajo, una situación provocada por los grandes cambios culturales, económicos y sociales de aquel momento. Esta situación de desestructuración de la cerámica habría sido terminal si a partir de los años cincuenta y sesenta no se hubieran producido dos fenómenos potenciadores de la demanda: por un lado el turismo, en busca del recuerdo típico; por otro el coleccionismo de objetos de cerámica. Es entonces cuando algunos obradores bisbalences reorientan su producción hacia estos nuevos sectores. A partir de entonces y hasta hoy la cerámica artesana vivirá una gradual transformación, variando los usos y utilidades tradicionales en función de las exigencias estéticas de este nuevo público, adaptando sus diseños y colores a los gustos de los nuevos consumidores.

Hoy la Bisbal se diferencia de otros centros productores de cerámica por el hecho de que la producción se encuentra muy diversificada; no sólo se producen artículos de alfarería, sino que existe un sector muy importante dedicado a la cerámica aplicada a la construcción y otro ocupado en la elaboración de cerámica decorativa. Todo ello configura una población que vive al abrigo de la cerámica, ya que también existen otras industrias que suministran materias primas, utensilios y maquinaria.

La marca "Ceràmica de la Bisbal" es un distintivo de origen protegida a nivel de la Unión Europea que sirve para individualizar, personalizar y reconocer los productos cerámicos elaborados en la Bisbal y los pueblos de su entorno de los que no lo son. Esta marca que garantiza su autenticidad, es grabada o marcada por los productores locales en cualquier tipo de producto cerámico (artístico y decorativo, alfarería, azulejería, material de tejar, revestimientos y pavimentos). Un Consejo Regulador, integrado por representantes municipales y empresariales, es quien vela por el buen uso de la marca y el fomento de la calidad de los productos amparados por este distintivo.

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